jueves, 6 de diciembre de 2012

LA COMPRENSIÓN LECTORA

Todos estaremos de acuerdo en afirmar que el acto de leer tiene como finalidad comprender un texto escrito. Sin embargo, conseguir este objetivo es una tarea mucho más compleja de lo que pensamos, especialmente para algunas personas. Entre ellas, nuestros alumnos, que aún no son (en la mayoría de los casos) lectores expertos y por lo tanto no han automatizado muchas de las habilidades que supone la lectura.

A continuación enumeraremos algunos de los mitos que tradicionalmente se han practicado en la escuela en relación con la comprensión lectora:


  1. La enseñanza de lectura termina cuando el alumno adquiere el código (aprende a descifrar los textos)
  2. La comprensión surge de manera automática y paulatina.
  3. La comprensión se ha toma como un ejercicio individual
  4. Se han trabajado cualquier tipo de textos en el aula sin tener en cuenta si estos partían de los intereses, conocimientos y realidades de los alumnos
  5. muchas veces, la comprensión lectora solo se ha trabajado desde la asignatura de lengua
  6. Se considera al alumno como un consumidor pasivo de los textos, sin tener en cuenta la finalidad de la lectura.
  7. Se entiende la comprensión del texto como una traslación delo escrito al significado, sin que el sujeto aporte al texto sus propias vivencias y experiencias, así como sus ideas previas.

Intentemos entonces sacar de nuestras aulas estas falsas creencias y centrémonos en conocer lo extraído tanto de la investigación como de las diferentes prácticas escolares.

¿Cómo comprendemos un texto?

A la hora de comprender un texto, cada lector estará condicionado por una serie de factores, como pueden ser:

  • El tipo de texto
  • El lenguaje oral
  • Las actitudes 
  • El conocimiento previo o bagaje experiencial
  • La motivación: si el contenido conecta con los intereses de la persona
No podemos olvidar uno de los factores más determinantes: los objetivos o intenciones del lector hacia la lectura. Es decir, al leer, estamos dirigidos por los objetivos que mediante ello pretendemos, ya que no es lo mismo leer por interés o entretenimiento que para buscar una información. Estos objetivos que nos proponemos determinarán las estrategias responsables de la comprensión. Por lo tanto es fundamental a la hora de abordar la lectura saber por qué estamos haciéndolo.

¿Son los ejercicios de preguntas y respuestas los más eficaces a la hora de trabajar la comprensión lectora?

En muchas ocasiones, los niveles de comprensión  se han comprobado mediante ejercicios que contienen preguntas estereotipadas, idénticas tanto para todos los alumnos e incluso para cualquier tipo de texto. Un ejemplo de ello lo podemos encontrar en el siguiente link . Es cierto, que muchas veces estos ejercicios pueden sernos de gran utilidad, sin embargo, no podemos basar toda nuestra estrategia de comprensión lectora en esta clase de actividades ya que olvidamos muchos de los factores que hemos citado anteriormente y que hemos descrito como fundamentales para la comprensión de un texto.

A la hora de diseñar actividades, el profesor deberá comprobar que los alumnos están motivados para ellos, ningún ejercicio de comprensión lectora debería iniciarse sin esta motivación inicial. Para ello, tal y como nos señala Isabel Solé (1998), es necesario saber qué se pretende qué hagamos, que se sienta capaz de hacerlo (que le proponga un reto que puede afrontar sin ser ni muy fácil ni excesivamente difícil y que encuentre interesante lo que se pretende que haga. Por lo que podemos afirmar, que resultarán más motivadores los textos no conocidos pero que a su vez resulten en mayor o menor grado familiares al lector. Como hemos señalado en los factores a la hora de comprender un texto, el conocimiento previo del alumno o su bagaje experimental le ayudarán a comprender mejor.

Por último me gustaría señalar dos apuntes que considero imprescindibles a la hora de abordar la comprensión lectora:

  1. A la hora de abordar la tarea de la lectura, el alumno debe sentir que será capaz de sacarla adelante (especialmente en lecturas realizadas en voz alta delante de otros compañeros) ya que no se le puede pedir que tenga ganas de leer, al alumno para el cual la lectura se ha convertido en un espejo de sus propios fracasos y que le devuelve una imagen poco favorable de sí mismo. Debemos recordar la necesidad de individualizar y adaptar la enseñanza a las necesidades específicas de los alumnos también en esta materia.
  2. Al diseñar actividades, hay que planificar bien la tarea de lectura y seleccionar con criterio los materiales que se van a utilizar en ella. Dando prioridad a los intereses de los alumnos. También es importante decidir previamente que tipo de ayuda pueden necesitar algunos de ellos.
Como hemos apuntado al principio, espero que la aportación de estas ideas y las recogidas por Isabel Solé en su libro estrategias de lectura (1998) nos ayuden a desterrar los falsos mitos acerca de la comprensión lectora que aún circulan por muchos de los colegios para así poder desarrollar todo el potencial de nuestros alumnos fomentando la lectura y el espíritu crítico a través de la comprensión de lo que leen.

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